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  • Vanesa Mourelle

ORDENANDO RECUERDOS

"La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda, y cómo la recuerda para contarlaGabriel García Márquez


Fotografía propiedad de HACIENDO ORDEN

Durante el tiempo que vivimos en Buenos Aires mis hijos practicaron Taekwondo. Debo confesar que el solo hecho de pronunciar la palabra "taekwondo" me llena de energía, me da alegría. Es que, además de considerarlo una disciplina maravillosa, lo asocio con la felicidad y la responsabilidad con que mis peques asumieron su práctica: entrenamientos luego del colegio, campeonatos los fines de semana, estudiar y afrontar largas sesiones de exámenes teóricos y físicos para conseguir el cinturón de la categoría superior … en fin, varios años de arduo trabajo cuyas enseñanzas deseo que perduren por siempre.


El punto es, que además de disfrutar de la práctica, habitualmente obtenían muy buenos resultados en las competencias y de casi todas volvían con algún trofeo que, como padres orgullosos que somos, guardamos con mucho cariño.


Unos cuantos años y varias mudanzas les siguieron a nuestra vida en Buenos Aires. Los trofeos fueron embalados y guardados en una caja perfectamente identificada para que pudieran viajar sin riesgo y lo cierto es que nunca más salieron de allí. La caja pasó temporadas en guardamuebles, en garajes, en trasteros, según las posibilidades de cada uno de los lugares donde vivimos ¡pero de abrirla, nada!... ¿para qué?... conocíamos su contenido, estaba todo perfectamente acomodado dentro de ella y siempre le encontrábamos un lugar.


¿Y a qué viene esta historia?... te cuento...

Reformas en casa… desarmar y mover muebles, despejar ambientes, pasar cosas de un lado para otro… pues en eso estábamos… ¿y adivinen con qué nos topamos?… siii… con la caja de los trofeos de taekwondo… ¡Madre mía!... ¿qué hacemos?... ¿tantos años confinados al encierro no significará algo?...


Una reforma que nos obligue a trasladar cosas o vaciar espacios nos ofrece una gran oportunidad para revisar todo lo que debemos movilizar. Siempre sugiero a mis clientes tomárselo con calma y realizarlo a consciencia, es posible que mucho de lo allí guardado ya no tenga sentido en nuestra vida y podemos aprovechar la ocasión para darle otro destino (tirar, devolver, regalar, vender).


Volviendo a la caja y dicho lo dicho, sin duda había llegado el momento de pensar qué hacer con ella. Quiero resaltar que el tema no pasa por tener o no espacio para guardarla, esa es una pregunta fácil de responder, al final es una cuestión de metros. La pregunta es mucho más profunda, difícil e incómoda: ¿tiene sentido seguir conservándola?... es que no es una caja cualquiera, es "La Caja de los Trofeos de Taekwondo".


Está claro que yo sola no podía decidir sobre el destino de la caja, debía consultar a la totalidad de los interesados, léase: mi marido e hijos. Pero ante de consultarles busqué en mí la respuesta. No me hizo falta pensar demasiado para llegar a la conclusión de que, al menos para mí, no tenía sentido seguir acarreando con todos esos trofeos.


Entiendo que para algunos pueda parecer una respuesta desamorada y extrema, pero créanme que no son adjetivos que me definan. Desde mi punto de vista se trata de objetos que originalmente respondieron a un propósito: premiar logros. Con posterioridad se le sumaron otros propósitos como representar momentos en la vida de mis peques y en la vida familiar, recordar el orgullo que como padres sentimos por ellos … y si me pongo romántica podría encontrarles muchos más. Ahora bien, los objetos no son más que eso, objetos. Siii, si, por supuestos que tienen un valor sentimental por estar relacionado con una situación del pasado que recuerdo con inmensa alegría, pero tengo muy claro que no los necesito para invocarla. Insisto, los objetos son objetos, no son "esos momentos", "esas sensaciones" y "esos sentimientos" gravados en mi historia y que formarán parte de mí por siempre.


No me mal interpreten, creo en que conservar algunas pertenencias, fotografías y memorias contribuye de manera potente a "contarnos nuestra historia" y eso es maravilloso. En lo que no creo es en que "sean la historia" y que necesitemos una montaña de cosas para darle contenido a esa historia. Tampoco creo en que la decisión de conservar algún objeto tenga que ser definitiva y no nos permitamos revisarla.


Aproveché la hora de la comida para sacar el tema y preguntar qué deseaban hacer con la caja de trofeos. Tuvimos una linda conversación al respecto, anécdotas, risas, bromas y algún reclamo de esos que nunca faltan se hicieron presente. Finalmente, mis hijos decidieron no seguir guardando los trofeos. No, no es lo que están pensando... les aseguro que yo no tuve naaaadaaa que ver con esa decisión, pues en ningún momento les comenté todo lo que había pensado con anterioridad.


Mi marido, seguía un poco dubitativo. Luego de pensarlo un poco más nos sugirió una solución “intermedia”: hacerles unas fotos. De esa manera podríamos tener los premios a la vista cuando quisiéramos sin tener que seguir cargando con la famosa caja... ¡Genial, genial genial! ¡¡¡Todos estuvimos de acuerdo!!! (casi un milagro… la unanimidad es difícil de conseguir en mi familia).


Fotografiar los objetos que materializan recuerdos es una excelente manera de seguir conservándolos en un nuevo formato que tiene grandes ventajas: por un lado ocupan menos lugar físico; por otro, y esto es lo que más me gusta, es mucho más fácil acceder a ellos. La condición es que tengamos un sistema seguro y ordenado para almacenar esas imágenes. La organización de los recuerdos es tan importante como capturarlos. Para ello es básico y necesario descargar las fotos en el ordenador y archivarlas en una carpeta identificada claramente. Repito, en una carpeta identificada claramente. De esta manera creamos el arcón de los recuerdos que nos permitirá revivir diferentes momentos de nuestra vida.


El pasado fin de semana escribimos el capítulo final de esta historia, abrimos la caja, sacamos todos los trofeos, los limpiamos, reparamos los que habían sufrido alguna rotura, armamos el escenario e hicimos una divertida sesión de fotos que nos recordará por siempre que “Un cinturón negro es un cinturón blanco que nunca se rindió”.


Aquí una pequeña muestra de lo hecho y una confesión: guardamos cuatro medallitas, pero no se lo cuenten a nadie.


Fotografías propiedad de HACIENDO ORDEN

¿Qué les parece la idea de las fotos? ¿Se han enfrentado alguna vez al equivalente a nuestra caja de trofeos de taekwondo? ¿qué han hecho?


Los invito a compartir sus historias, opiniones e ideas, me encantará leerlas.


Gracias por estar ahí!